viernes, 14 de septiembre de 2007

"El amor y el apetito"




¿Alguna vez se le ha cerrado el estómago ante un conflicto amoroso? ¿Se pasa la vida entre dietas y regímenes pensando que tiene un problema con la alimentación? ¡Quizá las dificultades se encuentren en sus sentimientos!. Sepa que las emociones se reflejan inequívocamente en la forma de comer.

DESTACADOS.

-- Los “ataques de hambre”, la compulsión ante la comida, la inapetencia crónica o la necesidad de perder peso, son canales que la psique utiliza para avisarnos de que algo no marcha como debiera.

-- Descubrir las relaciones entre los alimentos y el ánimo es el primer paso para refrenar la costumbre de comer cuando se tienen problemas o para satisfacer necesidades ocultas.

-- Los expertos aconsejan llevar un diario. "Si se enfada y se da un atracón, apúntelo".

¿Cuál es la razón que se oculta detrás del fracaso de las dietas para adelgazar? ¿Dónde está el verdadero origen del exceso de peso corporal y de la ingestión compulsiva de alimentos, que conduce a ingerir grandes cantidades de comida sin control?.

Para la terapeuta estadounidense Geneen Roth, autora del libro “Cuando la comida sustituye al amor”, el verdadero problema no se encuentra en el estómago sino en el corazón, porque “la comida puede convertirse a menudo en un sustituto del amor”.

“Sólo si una persona se concede un espacio para la intimidad y el amor aprende a disfrutar de la comida y dejará de usarla como un sustituto. Porque comer es una metáfora de la forma en que se vive y ama”, señala la terapeuta.

Según Roth “sólo si se deja de alimentar al niño maltratado que hay en el interior del adulto solitario se podrá nutrir el amor y dar lugar a la intimidad. Así se libera el dolor de la vida pasada y uno se instala en el presente”.

Para la psicoanalista española, Isabel Menéndez, autora del libro “Alimentación Emocional”, el hambre y el amor, la sexualidad y la alimentación, están relacionados, porque “nuestro cuerpo se pone en marcha gracias al alimento físico, la comida, y al alimento emocional, el amor, el afecto. Si este último falla, la mente busca canales para expresar su malestar”.

¿Por qué adelgazamos cuando nos enamoramos? ¿Por qué algunas personas engordan si el amor las abandona? ¿Por qué tenemos ataques de hambre cuando nos angustiamos? ¿Por qué hay gente que adelgaza o engorda sin saber a qué se debe, ó para las que las dietas no sirven de nada? .

Así, los “ataques de hambre”, la compulsión ante la comida, la inapetencia crónica, la necesidad de perder peso o de ingerir determinado alimento, la incapacidad para engordar o cualquier desorden alimentario, son canales que la psique utiliza para avisarnos de que algo no marcha como debiera.

ALIMENTOS PARA EL ALMA.

“La alimentación tiene la capacidad de acallar conflictos psicológicos o emocionales que no podemos expresar y que a menudo se originan en la relación con la madre o el padre”, según Menéndez.

Según las encuestas médicas, comemos compulsivamente, abandonando una dieta equilibrada y la práctica regular del ejercicio, para obtener placer, como consuelo o vía de escape, para reconstituir nuestro estado de ánimo o tranquilizarnos, o debido al estrés y el enojo.

Descubrir las relaciones entre los alimentos y el ánimo es el primer paso para refrenar la costumbre de comer cuando se tienen problemas o para satisfacer necesidades ocultas. Muy pocas personas son conscientes del nexo entre lo que sienten y lo que comen, hasta que lo identifican.

Los expertos aconsejan llevar un diario. "Si se enfada y se da un atracón, apúntelo. Lleve contigo un cuaderno y anote los casos en que coma "porque sí" y ello se relacione con una experiencia emocional, indicando lo que come, siente o piensa, y dónde y con quién está. Comenzará a reconocer sus patrones alimentarios y su relación con sus emociones", señalan.

Lo primero es identificar al enemigo. Si consulta su "diario alimentario" o revisa mentalmente las situaciones que le inducen a comer emocionalmente, identificará las interacciones con determinadas personas o circunstancias que le impulsan a atiborrarse de dulces o patatas fritas.

La solución definitiva consiste en resolver el problema de fondo. ¿Qué le impulsa a comer de forma compulsiva: un conflicto con su pareja, un problema familiar o laboral, la rutina cotidiana, la falta de estímulos en su vida? Trate de resolver tus dificultades, en vez de camuflarlas comiendo.